Es agotador despertar cada mañana, o más bien cada tarde, porque las vacasiones han alterado un poco mi horario de descanso. Pestañear un par de veces y ver todo un poco más pequeño, un poco más nublado. Prendo la televisión para ver noticias o algo por el estilo, pero sé muy bien que no debo, no debo. La vocecita interior me lo va susurrando cada vez más fuerte, casi agresiva: No debes, vete... vete donde tienes que ir. Y si, es cierto, no debo. Mis ojos no pueden soportarlo y debo ser consecuente con lo que tengo que hacer por obligación. De hecho, por decisión
Al final, decido cumplir con mi deber de todos modos, y concentrarme. Mucha concentración. Voy directo al baño, es el único lugar seguro, una habitación tranquila. Respiro, uno, dos y tres. Listo. Ahora mis ojos gotean, mis ojos derraman un líquido extraño y arde. Duele profundamente, pero ahogo los gemidos. Pasan un par de segundos... la secreción de mis ojos ya ha cesado, pero mi rostro se ve tan deprimente... Unos cuantos minutos más y todo normal otra vez, no se nota la diferencia.
Si, y así es como debo hacer para usar mis lentes de contacto a diario.