Conocer a alguien, sonreirle coquetamente -o creer que tus ojos trasmiten tal maniobra de conquista- huir un poco y mirar de lejos la pantalla de cualquier aparato electrónico que pueda recibir mensajes a larga y corta distancia y una gotita de aquello a lo que temes, pero miras de lejos porque no quieres admitir que un ring podría significar el destello de tu propia sonrisa coqueteándole al espacio de oxígeno entre tu boca y un objeto. Bien podría ser una carta, con una espera más tortuosa y aun con más cargas de expectativas, aun con más planes deshechos por la correlación de las mismas.
Una vez que ya no eres primerizo en el orden de las impresiones, deshaces tus propias expectativas cada 3 segundos muy necesarios, en donde focalizas tu tiempo en poner la mente en blanco en no pensar tal vez en un encuentro fugaz en la calle, confundiendo papeles revueltos en la acera sin el consentimiento de nadie más que de la hermosa casualidad que viene ayudarte cual cupido, y ahí estás pensando en lo que acababas de deshacer y caer en cuenta de la sensación agradable. Lo peor no es sentirte un completo idiota por la mirada perdida y el corazón latiente, sino que sabes que una vez que caes en las expectativas lo siguiente, como una geniuna relación de causa y efecto, es el autoboicoteo de las mismas a la realidad. Digamos que cada vez que esperas menos se acerca, menos se hace, menos se cumple, hablando en términos simples las expectativas aniquilan la realidad, podríamos creer que es en sentido contrario pero aunque nos cueste admitirlo la realidad no es si misma, más que el resultado de poner en tu mente aquellos ojos, aquella boca y todo rodeado de los más grandiosos cuadros con diálogos incluidos...
Así que ya saben, si tú eres un virgen de la expectativa, no daña tanto como dicen. Es justo y necesario. Los viejos nos vemos más ridículos evadiendo las ensoñaciones mismas para escupir cosas llamadas reales que tanto nos disgustan.
Entonces qué? Fluir? Ser? Haz lo que corresponde a tu naturaleza de enamorado, de jugador.
viernes, diciembre 07, 2012
Aun en curso
A la vuelta de la esquina puedes encontrar todo lo humanamente imposible y los signos deslumbrantes de la vida, el factor importante aquí es localizar la esquina y efectuar el depósito de tus pies en dicho lugar, pensó. Y se dispuso a caminar unas cuadras hacia la derecha en busca de nada más ni menos que un pequeño bazar para comprar 3 cigarros individualizados, uno para la hora del té, otro para una tarde cayendo en noche reflexiva y otro de emergencia para las madrugadas abrumadoras. Después de haber visitado tantas esquinas, de varios países y universos paralelos mentales derivados de las inagotables horas despierto en el transporte público, ya no le bailaban los pies con alegría a cada paseo como en su juventud si lo hacía. Ahora antes de cruzar el umbral, destinaba un objetivo cierto a sus salidas y evitaba pensar en los posibles encuentros, evitaba pensar en las evocaciones un poco teatrales de cómo conocer personas o situaciones memorables. No tanto por el principio de menos expectativas igual a mejores resultados, sino porque derechamente había decidido prescindir de tal aspecto de la vida intentando suplir vacíos con lo demás...
martes, diciembre 04, 2012
Desde el otro lado...
Y allí estaba ella, medio enredada en los rizos morenos de una jovencita, con la cabeza gacha y los ojos mal pintados. Más allá se encontraba la otra señorita observando desde una banca, escondida con el pecho apretado, aguantando la respiración para no ser captada en el acto de husmear asuntos ajenos, pero la verdad es que miraba más allá de las cabelleras juntas de las otras chicas. Podía reconocer los sollozos silenciosos de una de ellas especialmente bajita a metros de distancia, probablemente porque la mayor parte del tiempo esas lágrimas estaban reservadas para su uso personal o eso creía.
En ocasiones imaginó que la chica de baja estatura y melena desordenada siempre mantuvo un amor un poco obsesivo y secreto por ella, aun así jamás tuvo el valor de preguntarle o de insinuarlo siquiera, todo quedó en especulaciones mentales demasiado mundanas para ser formuladas. Los besos y las manos entre las sábanas eran una especie de código amistoso, para lo que ella respecta. Por otro lado, ella sabía que su amiga, si es que podía llamarla así... la complejidad de las categorías; sabía que su amiga se elevaba más allá de la sensatez con facilidad, solía saltar como niñita de jardín cada vez que conocía a alguna jovencita nueva, cada vez más imposible que la anterior. También conocía muy bien su propio rol, ella estaba entre cada chica, que desde hace más o menos dos años contando netamente los hechos, ella era la vía de un escape con tintes amorosos. Noche de fiesta, sexo entre amigas, noche de fiesta, podríamos solo dormir y acurrucarnos como todas las amigas lo hacen, no? Quizá estaba sobrereaccionando ante la escena de ver a aquella pequeña aunque ya no tan pequeña amiga o como deba adjudicársele el nombre, suspirando con tristeza con las manos sobre la nuca de otra melena femenina, una nuca que ya no era su propio cuello u hombro consolador, o todo su ser consolador. Ella no podía siquiera imaginar que la joven desordenada y actualmente afligida,de por allá, solía abrazarla con brazos y piernas, respirar su olor peculiar, entrelazar sus dedos en sus cabellos, rasgar su espalda lentamente con cada uña, morder a veces dolorosamente algún lugar visible, solo porque deseaba compañía, porque quería aferrarse al consuelo máximo que es el idealismo del amor, y aun mejor de un amor jamás posibilitado para existir...
En ocasiones imaginó que la chica de baja estatura y melena desordenada siempre mantuvo un amor un poco obsesivo y secreto por ella, aun así jamás tuvo el valor de preguntarle o de insinuarlo siquiera, todo quedó en especulaciones mentales demasiado mundanas para ser formuladas. Los besos y las manos entre las sábanas eran una especie de código amistoso, para lo que ella respecta. Por otro lado, ella sabía que su amiga, si es que podía llamarla así... la complejidad de las categorías; sabía que su amiga se elevaba más allá de la sensatez con facilidad, solía saltar como niñita de jardín cada vez que conocía a alguna jovencita nueva, cada vez más imposible que la anterior. También conocía muy bien su propio rol, ella estaba entre cada chica, que desde hace más o menos dos años contando netamente los hechos, ella era la vía de un escape con tintes amorosos. Noche de fiesta, sexo entre amigas, noche de fiesta, podríamos solo dormir y acurrucarnos como todas las amigas lo hacen, no? Quizá estaba sobrereaccionando ante la escena de ver a aquella pequeña aunque ya no tan pequeña amiga o como deba adjudicársele el nombre, suspirando con tristeza con las manos sobre la nuca de otra melena femenina, una nuca que ya no era su propio cuello u hombro consolador, o todo su ser consolador. Ella no podía siquiera imaginar que la joven desordenada y actualmente afligida,de por allá, solía abrazarla con brazos y piernas, respirar su olor peculiar, entrelazar sus dedos en sus cabellos, rasgar su espalda lentamente con cada uña, morder a veces dolorosamente algún lugar visible, solo porque deseaba compañía, porque quería aferrarse al consuelo máximo que es el idealismo del amor, y aun mejor de un amor jamás posibilitado para existir...
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