martes, diciembre 04, 2012

Desde el otro lado...

Y allí estaba ella, medio enredada en los rizos morenos de una jovencita, con la cabeza gacha y los ojos mal pintados. Más allá se encontraba la otra señorita observando desde una banca, escondida con el pecho apretado, aguantando la respiración para no ser captada en el acto de husmear asuntos ajenos, pero la verdad es que miraba más allá de las cabelleras juntas de las otras chicas. Podía reconocer los sollozos silenciosos de una de ellas especialmente bajita a metros de distancia, probablemente porque la mayor parte del tiempo esas lágrimas estaban reservadas para su uso personal o eso creía. 
En ocasiones imaginó que la chica de baja estatura y melena desordenada siempre mantuvo un amor un poco obsesivo y secreto por ella, aun así jamás tuvo el valor de preguntarle o de insinuarlo siquiera, todo quedó en especulaciones mentales demasiado mundanas para ser formuladas. Los besos y las manos entre las sábanas eran  una especie de código amistoso, para lo que ella respecta. Por otro lado, ella sabía que su amiga, si es que podía llamarla así... la complejidad de las categorías; sabía que su amiga se elevaba más allá de la sensatez con facilidad, solía saltar como niñita de jardín cada vez que conocía a alguna jovencita nueva, cada vez más imposible que la anterior. También conocía muy bien su propio rol, ella estaba entre cada chica, que desde hace más o menos dos años contando netamente los hechos, ella era la vía de un escape con tintes amorosos. Noche de fiesta, sexo entre amigas, noche de fiesta, podríamos solo dormir y acurrucarnos como todas las amigas lo hacen, no? Quizá estaba sobrereaccionando ante la escena de ver a aquella pequeña aunque ya no tan pequeña amiga o como deba adjudicársele el nombre, suspirando con tristeza con las manos sobre la nuca de otra melena femenina, una nuca que ya no era su propio cuello u hombro consolador, o todo su ser consolador. Ella no podía siquiera imaginar que la joven desordenada y actualmente afligida,de por allá, solía abrazarla con brazos y piernas, respirar su olor peculiar, entrelazar sus dedos en sus cabellos, rasgar su espalda lentamente con cada uña, morder a veces dolorosamente algún lugar visible, solo porque deseaba compañía, porque quería aferrarse al consuelo máximo que es el idealismo del amor, y aun mejor de un amor jamás posibilitado para existir...