domingo, noviembre 21, 2010

Los pies en las calles, proseguimos directo a nuestro objetivo... La gloriosa micro. Si, esas cosas que se mueven y dentro de las cuales renacen mis miedos, mis sueños y creaciones del subconsciente. La esperábamos a ella para poder llegar al fin a nuestros hogares tan lejanos del lugar en dónde estudiamos. Yo por mi parte no esperaba nada más, pero ya saben cuando un humano lo quiere todo simplemente todo se ausenta y cuando anhela la tranquilidad de su habitación... aparece Eso. Bueno, pero hasta ese momento yo no lo tenía tan claro ( ahora lo sé ) y me subí campante a la famosa 129. Dos segundos y todo bien, tres segundos y la gran parte se me fue al carajo. Una Luna sentada cerca de la ventana. Dudé. Aún me cuestionaba si quería decir algo o solo ignorar, mientras luchaba, su existencia en ese lugar. Pero no. Soy tan terca. Dos minutos, su nombre saliendo de mis labios. El efecto: su mirada en mi, su risa en mi, su malicia en mi. Y me arrepentí brevemente para luego reconfortarme con su cara y de nuevo el arrepentimiento. Si, desvariaba.

Momento, era mejor mejor evitar. Nos movemos? - le comenté a mi acompañante. Ya en el fondo solo hablábamos, aunque mi mente se caía a ratos para dar paso al silencio y al final la pregunta de la otra persona: Qué te pasa? y yo: No, nada. Debí avisarle a mi cara. La verdad no esperaba nada, nada más. Tenía suficiente. Por porfiada me pasó, al no entender que si no quieres algo obtienes Eso. Un ratito y ya estaba situada tras de mi, dijo cosas ininteligibles. Solo alcancé a sentir y de hecho, con eso me bastó.

Quién diría que luego de aparecer lunas, reaparecía una mariposa. Será que me quieren pintar todo de nuevo? Ya no me apetece Eso.

Jirón bicolor

Ahí está él, victorioso y persistente; queriendo hacerse presente entre los demás poros de vana existencia. Un espléndido adorno bicolor, entre púrpura y verde. No hay concepto para tal combinación.
Y ahí está él, palpitante y novato entre los tejidos. Parece que no fuera a partir jamás de este lugar, sobre todo porque es tan evidente y tan sonoro. Pero no es más que una mancha temporalmente dolorosa que luego se degrada a colores sin efectos al tacto.
El circulo vicioso de las tonalidades de vuelta al pigmento de siempre. De la piel resentida a la piel de siempre, vulnerable a los objetos punzantes, a los golpes y más que nada ... a aquellos dientes.