sábado, octubre 20, 2012

Actualización

Pensé y pensé, desde que entré a la carrera de lo jurídico y lo técnico abandoné mis deseos literarios y los reemplacé por normas jurídicas sumadas a la eterna culpa que uno siente de respirar muy seguido por estar perdiendo tiempo en otra cosa que no sea ser estudiante. Pero no, lo que ha sucedido es que me ahogué, yo era la paletita dulce que se remojaba en agua y se la ofrecía al gatito, sin embargo me quedé en el fondo, principalmente porque la lengua y el gatito desaparecieron. He de forjar una nueva vida, y entonces me preguntó ¿Qué es esa weá? Y todo lo hasta ahora ocurrido no es más que un recuerdo constante de cómo fue el procedimiento para ser una mujer seria y con serios conflictos de personalidad que logro fingir con excelencia casi otorgada por la Real Academía. No quiero que me vengan con argumentos de; crecer, tener amigos nuevos, esa gente no estaba destinada, ese lugar no. Cuando yo sentía, y sentir es lo gloriosamente importante, que los miembros éramos unos que teníamos las mañas superadas que eramos el crecimiento, había escaso que encontrar y sobrante por rehacer y deshacer... en eso llega el día en que me metamorfoseo en una señora dura, racional y sana, sobretodo sana. Relaciono las típicas palabras de merecer y yo, en la misma frase y obtengo como resultado mi huida indigna. A veces arañaba la ventanita con ánimo de nostalgia y cuando tú me viste, abriste la ventanita, vivimos en la ventanita, no alcanzamos a tomar el té en la ventanita y evoqué casa tomada solo que yo me quedaba afuera, tú con la llave, la casa y el repoblado de gente. Dijiste, tu decisión, tus consecuencias...