jueves, enero 13, 2011

Carretera. Primera parte

De adorno el camino. La travesía ligera pero aplazada por los infinitos silencios. Este es uno de ellos, en donde chocan las cotidianidades (el pan con queso, las cuestas) con los rastros metafóricos de dilemas anteriores, literalmente anteriores. Antes de La Serena, el lugar.

Los matices aprendí a reconocerlos mas no tanto a lidiar con ellos. De las situaciones incansables intuyo los motivos, que la verdad, son todos pinceladas diversas de un mismo bote. Mientras el jeep pega saltitos y el random de la radio me roba risitas contenidas (agregando los comentarios irónicos de mi padre), ocurren asaltos, corsarios de la mente. Corsarios digo, porque con el dolor de mi alma afirmo que algo o alguien en el universo me traiciona y paga por mirar. Oro por confusión. Múltiples los asaltos, destaca uno en particular: ¿Cómo saciar los vacíos pertenecientes a los cuerpos subterráneos? Y sobre todo... ¿Cómo evadir los silencios incómodos que suelen rebosarse de carteles que indican lo infaltable?

Así y otros anexos, continúo el viaje... Este acrisolador trayecto que se torna más insano a medida que aumenta el kilometraje. Derivados del temor.

22/12/10 (interesante fecha)

Ese tipo de juramentos...

Prometo, por el señor que me visita, lo siguiente; no dejar deslizar nuevamente aquellos impulsos cargados de egolatría y autosatisfacción, serle fiel a este amor marciano que yace en mi lado de la frontera, parar de esconderle a través de muecas cínicas mi verdadero rostro, no apostar su felicidad y perderle por jugadas idiotas, no acostumbrarle a los caprichos que cotidianamente abundan en su lado del terreno, no sacar a flote cada emoción que me gobierne exageradamente para no agobiarle con estados efímeros e intrascendentales, mantenerme constante independiente de la lejanía que nos invada en aquel momento, amarle (no por sobre todas las cosas) con un lazo anormal que une delicadamente ciertas emociones y tendencias, sostener con firmeza las contradicciones que manchan estrepitosamente cada promesa, darle caricias de las maneras más inconfesables pero siempre cuidando lo frágil de lo importante. Continúo prometiendo por la sombra gemela que me obliga, lo siguiente; no abordar lo prohibido, no incitar las situaciones que por más placer breve que le otorguen, son insanas; no mezclar los matices (solo rozarlos), utilizar el poder/derecho que me he ganado solo en los momentos de menester y recordarle periódicamente lo ilimitado del cariño.

Prometo, con o sin el señor que se mantiene por aquí, ser parte de usted más allá de la reencarnación.