Las reflexiones antes de partir son alarmantes, y como es de madrugada... se sienten en todas partes. Las veo pegadas en la pared, mientras se corre la tinta fresca. Esa lucecita azul, también me llama. Medito el contacto entre el papel y la luz. Es un agregado importante, el tiempo; que inversamente pierde firmeza pues regresan, acechándome, aquellas quejas pasadas, como si no estuviésemos en verano. El llanto majestuoso jamás demostrado ( solo la punta del iceberg esa vez...) fue evocado por las remembranzas vívidas que amenazan esta calma de casi las 4.
De madrugada voy marchando...
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