Entras en la ansiedad que te punza los ojos y un poco las tripas, hiperventilas, experimentando una tonelada de gestos que evidencian tu desconcierto. En ese momento tú huyes a lo más lejano del lugar, monologueas recalcando: Te enloqueciste hasta la última gota... te encantó, no? Claramente, pero y si... NO! dejando esto y tomando aquello, no puedes tenerlo todo. Goza lo que robaste desvergonzadamente. Ni siquiera vomitas culpa. Vos nada más querés cada sensación para ti. No es eso, no es nada en realidad. Toda la razón. Por ahora es suficiente.
En el fondo sabes cómo conseguir ciertas caras, cómo deshacerte de ciertas prendas y agotar a tu enemigo tocando en ritmos distintos hasta aniquilarle hasta lo que más llegues. Es incierto, sí... jamás imposible y eso querido/querida es lo que más te jode jode jode, en la mano. Podés perderle, lo que no tienes permitido por naturaleza es sacudirte enérgicamente botando cada gramo del sucio deseo.
La decisión final reside en el instante en que se conectan ideas desquiciadas y vos decis: Yo si y eso no, quizá más tarde.
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