viernes, febrero 17, 2012

Lo que siempre, lo que nunca.

Son aquí las 7 A.M, querida. Y estoy sobre las plumas admirando la ventanita que evoca "El Túnel" de mi adolescencia y tus inicios. Los libros están apilados en el suelo, como siempre lo quise... pero los pasos de 8 años atrás no los cambiaría ni por el Opio de Sartré. Las tazas están bien lavadas, un poco percudidas por el café/el té. Dirías que siempre fui bueno con las tareas domésticas y yo te respondería que lo de las tacitas no ha sido mi culpa.

También tengo una alfombra polvorienta que nadie toca hace años, que no ha sido nuestra. Esa alfombra antiquísima donde siempre quise hacerte el amor. Una fantasía de pendejo apenas iniciado, para ver desde otra perspectiva tu mirada ida, descubrir desde lo alto lo que tú habías alcanzado más allá, detenerme lentamente a mirar minuciosamente tus labios mientras los desgarras con ira, y yo sobre mis rodillas deleitándome con tu inquietud. Luego, deshacerme de mis rodillas, desplomarme sobre ti, reconectarme con vos nuevamente para que nuestro vaho fuese uno solo. Terminando la ceremonia con tus uñas en mi espalda, vengativas, y un orgasmo perdido en otro lugar que no es esta habitación.

Se oye breve el gemido vago en el dormitorio octogonal, cama de madera, música ambiental, empapados por la piscina de una morada en medio de la nada. Se oye breve desde hace 8 años, así que lo escondí bajo esta alfombra vieja que nadie toca, porque fue pecado según los cristianos... Y lo recreo todo en cada despertar, antes de que llegue la cotidiana a ofrecerme un café.

8 A.M - Buenos días, Lucía...
- Como siempre te me adelantas, cariño. Te alcanzo ya, la taza de café?

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