viernes, diciembre 07, 2012

Juego de la expectativa

Conocer a alguien, sonreirle coquetamente -o creer que tus ojos trasmiten tal maniobra de conquista- huir un poco y mirar de lejos la pantalla de cualquier aparato electrónico que pueda recibir mensajes a larga y corta distancia y una gotita de aquello a lo que temes, pero miras de lejos porque no quieres admitir que un ring podría significar el destello de tu propia sonrisa coqueteándole al espacio de oxígeno entre tu boca y un objeto. Bien podría ser una carta, con una espera más tortuosa y aun con más cargas de expectativas, aun con más planes deshechos por la correlación de las mismas.
Una vez que ya no eres primerizo en el orden de las impresiones, deshaces tus propias expectativas cada 3 segundos muy necesarios, en donde focalizas tu tiempo en poner la mente en blanco en no pensar tal vez en un encuentro fugaz en la calle, confundiendo papeles revueltos en la acera sin el consentimiento de nadie más que de la hermosa casualidad que viene ayudarte cual cupido, y ahí estás pensando en lo que acababas de deshacer y caer en cuenta de la sensación agradable. Lo peor no es sentirte un completo idiota por la mirada perdida y el corazón latiente, sino que sabes que una vez que caes en las expectativas lo siguiente, como una geniuna relación de causa y efecto, es el autoboicoteo de las mismas a la realidad. Digamos que cada vez que esperas menos se acerca, menos se hace, menos se cumple, hablando en términos simples las expectativas aniquilan la realidad, podríamos creer que es en sentido contrario pero aunque nos cueste admitirlo la realidad no es si misma, más que el resultado de poner en tu mente aquellos ojos, aquella boca y todo rodeado de los más grandiosos cuadros con diálogos incluidos...
Así que ya saben, si tú eres un virgen de la expectativa, no daña tanto como dicen. Es justo y necesario. Los viejos nos vemos más ridículos evadiendo las ensoñaciones mismas para escupir cosas llamadas reales que tanto nos disgustan.

Entonces qué? Fluir? Ser? Haz lo que corresponde a tu naturaleza de enamorado, de jugador.

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